A lo largo de nuestra actividad comunicativa, hemos asistido varias veces a espacios y cubrimientos donde las iniciativas de la economía popular se abren un lugar en el espacio público para brindar su trabajo y buscar el sustento. Muchas de esas iniciativas son encarnadas por ciudadanas y ciudadanos que habitan un escenario en el que la economía formal es frágil y su mercado laboral ofrece un limitado margen de incorporación, donde los perfiles tradicionalmente excluidos no entran. Ante esta realidad pequeños proyectos productivos, generalmente unipersonales y familiares, liderados principalmente por mujeres, se convierten en la opción económica de mujeres cansadas de las negativas y maltratos del mercado laboral, quienes deciden abrirse camino, como dicen ellas, para salir adelante.
Estas realidades plantearon y aún siguen planteando varias inquietudes sobre nuestro rol en la articulación con estos procesos sociales y sus contextos. ¿De dónde vienen? ¿Cuál es su historia? ¿Quiénes están detrás? ¿Cómo asumen su nuevo escenario económico?. Todas estas preguntas sirvieron de motor para tratar de armar un rompecabezas difícil: el de la economía informal, social y popular, que se enfrenta a la lógica hegemónica de un mercado regido por las más duras leyes de competencia feroz, consumo irreflexivo y voracidad con nuestro entorno, que no pregunta por las vidas detrás de los objetos, ya que hasta la vida misma tiene precio. Buscar respuestas a estas preguntas nos llevó a ocuparnos de una realidad que más allá de proyectos productivos o “emprendimientos”, se trata de expresiones sociales de nuestra cultura que engloba historias atravesadas por emociones y significados que merecían ser conocidos y comunicados en varias dimensiones. Fue así como nació la idea de construir y desarrollar un proceso investigativo con un grupo de 15 proyectos productivos, y de la mano de ellos, colaborativamente, conocer sus rasgos generales, la historia de las personas que se atreven a superar las inseguridades, admirar su capacidad de aprendizaje autodidacta, sus productos, sus espacios de producción, sus lugares de comercialización y sus estrategias de divulgación. Así nació Comunicar Lo Nuestro.
¿Para qué? para enlazar las capacidades de nuestro equipo de trabajo con los esfuerzos de los procesos participantes y asumir una hoja de ruta de trabajo colaborativo que le diera lugar digno a todo ese esfuerzo. Que hablara en alto y sin miedo sobre su trabajo, sobre su valor, sobre la legitimidad poca o mucha que tienen en contextos donde solo es admitido el trabajo si es reconocido por una estructura económica tan injusta que al mismo tiempo que cierra las puertas de sus puestos de trabajo ignora el esfuerzo cuidador y reproductor que sus manos garantizan dia dia para la vida.
Nuestra labor tuvo como puerto de llegada la elaboración de piezas comunicativas sintetizadas en el catálogo de sus productos. Este resultado es la suma de sesiones de trabajo en las que se indagó sobre su vida, sus tensiones, frustraciones, aprendizajes y tenacidad para sacar adelante una idea. Cada una de estas piezas constituye una sumatoria de esfuerzos para valorar lo que muchas veces está en la sombra y que paradójicamente sostiene un universo, por esto no podíamos dejar pasar inadvertido el empeño, y con el ánimo de mostrarle al público los resultados pensamos en una muestra abierta para todas.
Con este objetivo, junto a todas ellas le dimos vida a la primera Feria Comunicar lo Nuestro, en la que no solo se celebró el camino andado y el resultado de los encuentros a los largo de cinco semanas, además se trató de un escenario en el que se escucharon presentaciones artísticas como el dúo Lavanda Ruda integrado por Anny Caicedo y Paula Parra, una agrupación emergente conformada por mujeres jóvenes, la interpretación narrativa Cuentos Perdidos de Jenny Sánchez, la presentación del grupo de danza de la Fundación Kullayki, el arte dramático circense de Circhimia y el calor de la carranga del grupo Girasol. Pero sin duda el momento más significativo de aquella tarde en el parque El Tintal fue la pasarela de El Otro Desfile una muestra surgida del seno mismo los proyectos participantes, como propuesta de Pueblos en Red con la participación especial de la Red Marginal de Economía Popular que dio lugar a la muestra de sus proyectos a un público que acompañó y animó esa tarde donde nos reunimos sin pena a Comunicar Lo Nuestro.












