¡FUE LA 11!
Meses han pasado desde aquellos dos días vividos en la casa cultural del Policarpa, días que me evocan la frase de un asistente y participante de esta actividad: ¨ ¡Estoy en feria! ¨; como si de algún modo la emoción se tomara el momento presente para convertirse en la sustancia dinámica y maleable de vivir en feria; en el compartir y en la palabra. Importante mencionar la voluntad autónoma y solidaria de, inicialmente, interesarse en aquellas actividades que convoquen, reúna y junte oficios en torno al libro, u otras expresiones del conocimiento y los saberes populares. De la mano de esto, re encontrarse de manera amena y en torno a la amistad. La FLIAFue un espacio propicio a los lenguajes que recorren las calles y trochas del territorio de Abya Yala, en especial, a esta porción de territorio conocida como Bogotá.
La ciudad ve con ojos de submundo e incertidumbre sus propios cambios. Por su parte, hace de testigo al observar esa materia maleable que vimos en FLIA; y es que, por si algún animo aún resuena en quienes fuimos convocadxs allí, fue el hallazgo de unas maneras de habitar autogestivamente el mundo de las ideas y el lenguaje. Aquel espíritu que habita en el interés colectivo de movilizarnos en torno al libro y el compartir ameno. Lo político aquí participa activamente de la cultura y de lo que es propio a la comunidad: sus ideas, acciones y proyecciones (esto lo vemos aún en la fresca memoria de la manifestación y la protesta; u otras anécdotas o recuentos que dan cuenta del acervo de las luchas sociales). La emoción rompe los cercos del conocimiento estéril y de lo meramente racional para disponer la cercanía fraterna y la dicha tras la juntanza.
Participar del entramado asambleario brinda una amplia visión de lo organizativo, del paso a paso y de lo que significa colaborar en acciones que propongan una existencia intelectual y creativa lejos del progreso funcional que instrumentaliza a la persona y sus ideas (como en aquellos casos en que los conocimientos y saberes son puestos en función del aparato institucional público o privado). De aquellas referidas a la cultura, que son mucho más funcionales a la sociedad cuando cumplen una demanda del mercado. De lo anterior el hecho de que pongamos en duda que las culturas que practicamos sean meras mercancías o supuestos que deban ser expuestos como sustancia de cambio dentro del capital; a FLIA lo atraviesan móviles de compartir lo que hay junto a lo que podemos hacer para que llegue a otrxs.
En literatura la ¨vuelta de tuerca¨ es ese ajuste ingenioso en ciertos momentos de la narrativa, ver aquello que estaba oculto y que al descubrir es un fabuloso hallazgo; proponer una manera distinta de narrar, pese a las modas y vanguardias vacías, es continuar dándole la vuelta a la tuerca. Muy distinta a esas Vueltas (sectores del libro acostumbrados a la convocatoria, a las becas, al discurso de lo público, etc.) que parten de ajustarse y no ceder ante lecturas y mundos posibles que no se configuran como un acto mercantil más; lo marginal y subversivo siempre será sospechoso a menos que redite famas, personalismos y ascensos sociales.
¿Dónde la difusión libre de ideas que cuestionen la realidad? ¿Dónde el acceso a la cultura cuando esta se apertrecha y rodea de desigualdad, privilegios ¨incuestionables¨, propiedad privada trasnacional y extranjera? El contentillo que se le da al mundo editorial –que a algunxs basta y llena, por desgracia- ha llevado a que organizaciones se junten de manera autónoma y resuelta para proponer narrativas de horizonte. Así en el lema para todxs todo.
También lo que nos interesa contar sobre estas prácticas horizontales es su razón y corazón. Una feria dentro de los ritmos propios de la creación artesanal y artística, ligadas a los contextos particulares de quien participa en ella. Formas que no rehúyen a tipos de autogestión constante que, a través de la repetición, desarrollan habilidades para el diario vivir. Para los diversos oficios. No es sólo la elaboración de libros o encuadernaciones complicadas, sino aquellos procesos creativos que se llevan a cabo para la difusión de ideas y sentimientos; que, en el mejor de los ejemplos, pueden ser expresados en las múltiples técnicas de impresión.
De modo que lo autogestivo invita a quien lo ejecuta, a vivir mirando el paisaje con deseos de caminarlo o sobrevolarlo; si así los sueños lo permiten se llegará al punto en que la creación reconfigure sus propios caminos del aire -amplios e ilimitados-, pues estos habitan lejos de las fronteras y aquellos postulados que cuartean la libertad.
La senda es comenzada con regularidad, pero no por ello cada paso es menos importante. Atestiguo la importancia de cada aporte, de cada voz y palabra acometida para diseñar cada momento de una actividad abierta y accesible. Invitar y sumar, cuestionar y no dar por hecho ciertas circunstancias poseen una raíz basta. El mes de Julio dejó a la vuelta trozos y trazos de historia que se han inscrito en las pieles de quienes han buscado experiencias anarquistas. Así, las columnas de Durruti y las mujeres libertarias del 36 plantaron frente al fascismo con barricadas que germinaron en volcanes una y otra vez a lo largo de nuestra historia reciente. La resistencia continua, pues la guerra y la mezquindad una vez más buscan aterrorizar con sombras de horror corazones ávidos de sol. Recuerdo que allí mismo, en el Policarpa, se llevó a cabo el Sin Fronteras Ni Naciones como acción solidaria por Palestina; volver allí re afirmando la premisa de la horizontalidad es expresar que no habrá individuo y pueblo libre hasta que toda autoridad, cárcel y jerarquía sean demolidas en función de una vida colaborativa y solidaria (NADIE LIBRE HASTA QUE PALESTINA LO SEA). Autónoma en todos los sentidos.
La FLIA acerca universos de poesía de una página a otra en este nuestro libro común que hemos escrito, diseñado, impreso, encuadernado, copiado, pirateado y difundido.
¡A por las lecturas!
Por: W
