El domingo 31 de mayo, en frente del salón comunal del barrio La Clarita, Engativá, puesto de votación con el mismo nombre, Roberto Castellanos fue apuñalado por un contrario político en un cruce de palabras. En video quedó registrado el momento en que una persona joven ataca a Roberto sin mediar las consecuencias. Por la cercanía al puesto y la cantidad de personas, la policía captura al agresor. El Pacto Histórico ha acompañado jurídicamente a Roberto mientras él se estabiliza en una UCI del Hospital Santa Maria del Lago.
Telascanto pudo corroborar con la víctima que cuando esta se encontraba saliendo del puesto de votación, intercambiaron frases de descontento por las posturas políticas, luego de alegar por la falta de precaución en la conducción de un vehículo por parte del agresor. En un primer instante, Roberto cruza la calle cuando un vehículo que transporta al agresor pasa muy cerca, esto genera el descontento del testigo, quien le increpa y le pide prudencia. El vehículo se detiene y empiezan a alegar de forma distante, la conversación se denota política. El atacante defiende posturas conservadora y recalcitrantes, Roberto sigue pidiendo cuidado y mesura. El agresor sale del vehículo, no media palabra y en un rápido movimiento apuñala a Roberto quien se nota asustado y preocupado por lo sucedido.
¿Qué lleva a una persona a atacar violentamente a otra por una posición política?
Esta es la historia de nuestra nación. El rechazo del que piensa diferente no es sólo discursivo, sino material, tiene efectos sobre la vida de la persona. El contrario político tiene como sistema de valores el poder de escoger quien vive o quien muere. En el fondo hay una ideología: el otro es diferente porque no soy yo, y yo, y lo que representa ese yo, es lo válido.
Es una notable diferencia con la posición contraria, donde: la otra persona es como yo, igual de humana, en el mismo contexto, en el mismo mundo, con las mismas posibilidades de dolor y felicidad y, por tanto, nadie tiene la potestad para determinar quién vive y quien muere.
Entonces, ¿por qué una persona, que seguramente es de la clase popular también, decide atacar la integridad de otra por pensar diferente? Es difícil determinarlo, porque parado desde diferentes disciplinas las respuestas serían muy variables. He de escoger una en la que me sienta colombiano, diría entonces que este sujeto ha crecido pensando que así es como debe actuar un hombre de verdad, o lo que le han vendido que es un hombre.
Y eso, en cierta parte quiere representar Abelardo, el hombre que no se equivoca y es fuerte. La ideología de superioridad lo hace creer que está en lo correcto aunque pase por encima de los derechos humanos de cualquier persona. El agresor, como el candidato, creen que “salir adelante” es un esfuerzo individual y que toda persona que se oponga a esto puede ser exterminado.
Es terrible que la sociedad en su integridad no pueda ver los horrores de la superioridad. Lastimosamente no hemos consolidado sistemas sociales donde los valores en los que cada individuo crezca estén orientados por la solidaridad. Puedo entender que una familia oligarca sienta desprecio por el pueblo, porque toda su red de apoyo seguramente se sostiene por la acumulación y la avaricia. Pero, cuando entre los mismos ciudadanos encuentro actitudes supremacistas me siento derrotado.
Derrotado porque han sabido convencer a las personas con las que compartimos barrios y territorios de que merecen la miseria a la que nos han condenado. El espíritu de triunfo de muchas personas, que esperamos que entre personas nos ayudemos a salir adelante sufre ante esta realidad.
La violencia política, de la cual fue víctima Roberto, y por la cual hemos derramado sangre hasta el hastío, puede superarse. El vínculo que nos ata como habitantes de un mismo país y un mismo continente puede hacerse más fuerte, más sentido, más significativo. Para esto, quienes creen en la paz, en la reconciliación, en el perdón, en la justicia social, deben asumir un papel activo. Defender la democracia y construir vínculos sociales significativos es una tarea necesaria. Para que la violencia que sufrió Roberto no se repita, y la larga noche llegue a su final, debemos insistir en la unión, la del pueblo y las personas, en contra de la ridícula idea de que alguien es superior a cualquier otra persona.
